Capítulo 81 —El peso de un cuerpo ajeno
Narrador:
Santiago volvió entrada la tarde, cuando el sol ya no quemaba pero todavía dejaba el aire espeso, cargado.
Entró con una mochila nueva colgada del hombro, los pasos rápidos, el ceño fruncido. Traía el olor del pueblo encima: polvo, gasolina, sudor ajeno. Apenas cruzó la puerta, miró primero a Eloísa… y luego al hombre en la cama.
Tony estaba despierto.
No del todo alerta, no del todo rendido. Pero despierto.
Santiago se detuvo en seco.
—Mie*rda…