Capítulo 8 —Rojo
Narrador:
La música cambió otra vez, pero el pecho de Camila ya no podía seguirle el ritmo. Sentía calor bajo la piel, pero no era físico; era esa mezcla incómoda de vergüenza, desafío, y algo que nunca habría admitido en voz alta: ilusión. Porque Antonio la había tomado de la mano. Porque no la soltó al instante. Porque ese gesto, tan cotidiano para otros, para ella significaba demasiado.
—Creo que ya está bien de baile —murmuró, controlando el temblor de su voz —No suelo… dura