Capítulo 33 —Olían bien
Narrador:
La biblioteca de la mansión tenía ese silencio cómodo que no apretaba. Camila estaba hundida en un sillón profundo, con un libro abierto sobre las piernas. Lo había agarrado por inercia, porque cuando no sabía qué hacer con las manos, necesitaba sostener algo que no la mirara.
No estaba leyendo. O sí, pero como se lee cuando uno espera un sonido que no llega.
Pasó una hoja sin registrar nada. Se acomodó la camiseta, cruzó las piernas, las descruzó. Miró el reloj