Capítulo 102 —El amor no es un refugio
Narrador:
Gustavo no volvió a acercarse a la finca.
No por miedo, no por prudencia moral, no por respeto a la gente que había arriesgado el cuello ocultando a un hombre herido. No. Gustavo se retiró porque entendió algo simple, contundente, casi elegante en su crueldad: cuando una puerta está custodiada por hombres armados, no se golpea. Se busca la llave.
Y la llave, en ese mundo, no era una ganzúa ni una amenaza. Era un nombre.
El bosque quedó atrás con