12. algo que me está prohibido
Media hora. Ese fue el tiempo que tuve para respirar antes de que Ethan me llamara de nuevo a su oficina.
Al entrar, está al teléfono, con los ojos fijos en mí mientras me hace un gesto para que tome asiento. Hago lo que indica, intentando ignorar el nudo en el estómago.
Cuando cuelga, se acomoda en la silla y me observa sin prisa.
—Tenemos que revisar esto —dice Ethan, señalando una pila de papeles sobre el escritorio—. Ahora.
—¿Ahora? —murmuro, consciente de que Gabriel estará demasiado ocup