11. un amorío adolescente
Mis manos tiemblan ligeramente al levantarme de la silla. El tablet está tan apretado entre mis dedos que empiezo a sentir un leve dolor.
Llamo a la puerta, intentando no parecer tan nerviosa al entrar.
—Siéntate —me indica, señalando la silla frente a su escritorio.
Obedezco, sintiéndome pequeña bajo su mirada. Durante un instante, guarda silencio, lo que solo aumenta mi inquietud.
—Señorita Bennett —dice al fin, rompiendo el silencio—. En los formularios que rellenó para su ingreso, afirmó qu