123. Todas las posibilidades malas
Entro casi corriendo al baño del restaurante, con el corazón a mil por la urgencia en la voz de Vitória. Compruebo que estoy sola, echo el pestillo y me apoyo contra la puerta.
—¿Qué ha pasado? —pregunto, intentando sonar calmada.
—¡POR FIN! —grita Vitória al otro lado de la línea, y aparto el móvil del oído de un salto—. ¡Se me ha ocurrido la mejor idea del mundo para inaugurar tu apartamento! ¡Vamos a hacer una cena!
Cierro los ojos y suelto un suspiro largo. Claro, era por esto.
—Vitória