125. A punto de perder el control
Por unos segundos nos quedamos paralizados. Lo miro con pánico, luego a nuestras manos entrelazadas y, por último, a la puerta principal.
—Mi amor —susurra él, apretándome la mano—. Respira.
—Pero…
—Hay una salida de servicio —me corta con suavidad—. Solo tengo que salir por ahí y subir por la escalera de incendios.
—¿Cómo es que…?
—También vivo aquí, ¿lo olvidaste? —sonríe, consiguiendo que me relaje un poco—. Ahora ve a abrir la puerta.
El timbre suena de nuevo, más insistente que la pr