Desperté con la sensación de que algo había cambiado.
No sabía qué. La mansión seguía siendo fría, mi situación seguía siendo peligrosa, y el hombre con el que me había casado seguía siendo un mafioso que me vigilaba como un halcón. Pero algo en el aire era distinto. Quizás era yo.
La noche anterior, Dante había dicho "Mañana hablamos". No sabía si eso era una promesa o una amenaza.
Me duché, me vestí y bajé a desayunar. Él no estaba. Tampoco Sofía. Comí sola, en un silencio que ya empezaba a r