Me quedé paralizada en la acera, con el puño todavía apretado y el hombre inconsciente a mis pies.
Dante se acercó. Sus pasos eran lentos. Sofía iba detrás, con los ojos como platos y la boca todavía abierta.
—¿Alguien puede explicarme qué ha pasado? —preguntó Sofía.
—Ese tipo intentó asaltarme —dije antes de que Dante pudiera hablar—. Me defendí.
—¿Te defendiste? —Sofía miró al hombre tirado en el suelo, luego a mí, luego al hombre otra vez—. Pero si le has dado una paliza de película.