Esa noche, el sueño no llegaba.
Me quedé mirando el techo, contando las grietas invisibles en la oscuridad. Al otro lado de la cama, Dante tampoco dormía. Lo sabía por su respiración. No era la respiración pausada de las otras noches. Era una respiración controlada, consciente. Como si estuviera despierto y no quisiera que yo lo supiera.
Mi mente no paraba de dar vueltas.
Recordé la reunión. Sus ojos brillando con admiración. Recordé el coche. Su mano en mi muslo. Recordé la habitación. Su p