Dante me lo dijo durante el desayuno.
—Hoy vienes conmigo.
Levanté la vista del café.
—¿A dónde?
—A una reunión de negocios. Nada elegante. Solo unos socios y yo.
—¿Y por qué me necesitas?
—No te necesito. —Dio un sorbo a su café—. Pero quiero verte trabajar.
—¿Trabajar?
—Dices que eres actriz. Que trabajaste para una agencia de suplantación. Que sabes leer a la gente. —Dejó la taza sobre la mesa—. Demuéstralo.
No era una petición. Pero tampoco era una amenaza. Era un reto.
—Está bien —dije—. I