Esta vez la reunión fue en la mansión.
Dante me lo comunicó esa mañana, mientras se ponía los gemelos frente al espejo.
—Hoy vienen unos socios. Quiero que estés presente.
—¿Otra vez de espectadora?
—No. —Me miró por el reflejo—. Esta vez quiero que formes parte.
—¿De la reunión?
—De la reunión. De la conversación. De lo que sea necesario.
Me giré hacia él.
—¿Confías en mí para eso?
—Confío en tu instinto. Lo demás sigue en veremos.
No supe si sentirme halagada u ofendida.
Los socios llegaron a