El mensaje llegó de la forma más inesperada.
Estaba en la biblioteca, hojeando un libro sobre diseño de interiores que había encontrado en una de las estanterías, cuando una de las criadas se acercó con una bandeja.
—Su té, señora Moretti.
—No he pedido té.
—Lo sé, señora. Pero la señora Rossi llamó para preguntar por usted. Dijo que le enviaría un regalo.
Fruncí el ceño. La señora Rossi no llamaba. La señora Rossi apenas se preocupaba por mí después del matrimonio.
La criada dejó la bandeja so