Regina escuchó a Alicia evocar las anécdotas y recuerdos de todos esos años, y la nostalgia y la gratitud llenaron su corazón.
No quería ponerlos en aprietos, así que asintió rápidamente y, con la voz entrecortada, exclamó:
—¡Papá, mamá, muchísimas gracias!
Alicia estrechó a su hija entre sus brazos, y las lágrimas brotaron de sus ojos.
Incluso a Javier se le humedecieron los ojos; asintió varias veces, conmovido.
—Qué buena niña.
Una vez que bajaron del estrado, Alicia llevó nuevamente a Regina