Sonia Luna estaba de un humor de perros por los problemas con sus hijos y se la pasaba con cara larga. Normalmente, todas evitaban tocar el tema, pero ese día Alicia pareció disfrutar de hurgar en la herida. En ese momento se acercó la señora de la Vega. Al notar el ambiente tenso, y después de que alguien le hiciera una seña, intentó calmar las aguas.
—¿Por qué están todas aquí paradas? Vengan, vamos a sentarnos por allá, mandé a preparar unos bocadillos…
Pero Sonia no se movió. Con una actitud