—Veo que te importa mucho, ¿eh?
Al otro lado de la línea no pareció creerle. Regina contuvo la ansiedad y respondió con una voz que intentaba sonar tranquila:
—No quiero que nadie salga lastimado por mi culpa. Si le pones una mano encima por mí, entonces yo también soy cómplice.
—O sea que si no es por ti, ¿no te importaría que le pasara algo?
Notó el tono de prueba en sus palabras y se apresuró a contestar:
—Es el modelo de mi tienda. No quiero que le pase nada, y punto.
—Los modelos se pueden