Silvia estaba furiosa.
Gabriel tampoco entendía cómo habían llegado al divorcio.
Ni siquiera tenía claro por qué Regina insistía en dejarlo. ¿Era por Maximiliano?
Solo pensar en esa posibilidad le provocaba un fuerte dolor de cabeza.
Al otro lado de la línea, al notar el silencio de su hijo, Silvia supo que el problema era él.
—¿Qué le hiciste?
—Es mi problema, no te metas.
Estaba harto.
—¿Quieres matarme de un coraje? Tienes veintiocho años, no dieciocho. No llevas ni cuatro meses casado y ya t