Ambas se quedaron en la habitación del hotel todo el día, donde platicaron sin parar. Por la noche, pidieron que les llevaran la cena y, al terminar, cerca de las nueve, Alicia le dijo a Regina:
—Empaca tus cosas. Vámonos a la casa, ¿sí?
—Estoy bien aquí, en serio.
—¿Bien? ¿Cómo que bien? ¡Mírate estás en los huesos! No llevas ni cuatro meses casada con Gabriel y ya te dejó hecha un trapo. Mañana mismo voy a buscar a Silvia. Le voy a preguntar cómo educó a su hijo, porque a mí me juró y perjuró