Ricardo miró la expresión furibunda de su esposa y contuvo una sonrisa divertida.
—¿Y ahora qué piensas hacer? ¿Les hablamos para que regresen a cenar? ¿No decías que la otra vez no se les hizo?
Silvia lo pensó un momento y una idea iluminó su cara.
—¡Ya sé! ¡Esta vez vamos a necesitar a la abuela para esto!
***
Regina cenó algo en la calle y, al regresar al hotel, se dio una ducha.
Para ganar un dinero extra, había aceptado varios pedidos de joyería personalizada, todos de alta gama con piedras