La mano de Regina se detuvo justo cuando iba a empujar la puerta.
—Cállate.
—Aunque no quieras que hable, lo voy a hacer. A las mujeres no se les puede consentir tanto, porque mientras más las consientes, más se aprovechan de ti. Tú mismo lo dijiste: en cuanto te relacionas un poco con Mónica, te amenaza con el divorcio. Se pelea contigo y tú te vienes a refugiar en el alcohol. ¿No te da miedo acabar con una intoxicación y morirte aquí? Lo digo por tu bien, amigo. Ya divórciate. Mónica es mucho