Apenas recibió la llamada de la boutique de novias, Silvia le marcó a su hijo.
En cuanto él contestó, ella lo abordó sin rodeos.
—¿Otra vez hiciste enojar a Regi?
Gabriel guardó silencio un momento.
—¿La viste?
—No, no la he visto. Me hablaron de la boutique. Me dijeron que no quiere probarse el vestido. ¿Todavía no se arreglan?
Había pasado casi un mes y no solo no se habían reconciliado, sino que era claro que el problema se había agravado.
—No te metas en nuestra vida. Estoy a punto de entrar