Gabriel arrugó la frente.
—¿Qué pasa?
—Es Eduardo, me está molestando y no me deja irme… Eduardo, ¡devuélveme el celular!…
Se escuchó otra voz al otro lado de la línea.
—Pensé que ya habías terminado con ella. ¿Así que todavía se hablan?
—¿Quieres que te mate?
La voz de Gabriel era dura y amenazante.
Al otro lado de la línea, Eduardo notó su enojo y se rio con sarcasmo.
—Te doy media hora. Si llegas y me demuestras que en serio te importa, dejo que se vaya contigo. Si no vienes, entonces será mí