Gabriel se tensó ligeramente.
—¿No tienen otra cosa que hacer?
Sebastián soltó una bocanada de humo y sacudió la ceniza del cigarro con una sonrisa.
—Tengo curiosidad por conocer a esa tal Regina. ¿Qué tal si le dices que venga? Andrés y yo le damos su regalito de bodas.
Gabriel arrugó la frente, sin decir nada.
Andrés intervino de repente.
—Apenas te casaste, ¿no? ¿Y nos llamas para jugar cartas? ¿Se pelearon o qué?
Andrés era más observador que Sebastián. Gabriel no era muy fan de la vida noct