En la habitación todo era silencio, la noche había sido más corta de lo que esperaban, cuando el alba empezaba a verse desde la ventana, Ragnar y Lyra se encontraban recostados en la cama, las sábanas arrugadas alrededor, y él acariciaba suavemente la piel de Lyra, recorriéndola con lentitud como si quisiera memorizar cada rincón de ella. Ella sonrió, divertida y enternecida al mismo tiempo.
—Deberías estar descansando —susurró, pasando los dedos por su cabello oscuro.
Él ronroneo, le gustaban