La pequeña habitación de la clínica estaba en la oscuridad. Solo la tenue luz de la lámpara sobre la cabecera iluminaba el rostro pálido de Ava, que descansaba profundamente después de haber recibido la medicina preparada con la flor de Lune. Elia, agotada tras horas de preocupación, llanto y aburrimiento por estar en el mismo lugar, finalmente se había quedado dormida en una colcha improvisada en una esquina. Su respiración era tranquila, el cabello enmarañado caía sobre su rostro, y Jennek no