Los días posteriores a la llegada de los sobrevivientes de la manada del Sur fueron un ir y venir constante en la clínica. El aire estaba impregnado de una mezcla de hierbas medicinales, sangre seca y desinfectante. Entre camillas y mantas improvisadas, los heridos luchaban por recuperarse.
Lyra trabajaba sin descanso, moviéndose de un lado a otro para atender a todos. Vendaba heridas, preparaba infusiones y revisaba que los cortes no mostraran signos de infección. La mezcla que había preparado