El aire olía a sangre, tierra húmeda y medicina. Lyra caminaba de regreso a la casa de la manada, con las manos aún manchadas de rojo pese a haberlas lavado varias veces. Había ayudado a curar a los heridos, aplicando vendas, sosteniendo cuerpos temblorosos, dando agua, haciendo todo lo que podía con sus manos. Sin embargo, algo en su interior se agitaba, una certeza latente que no podía ignorar.
Al llegar a la casa de la manada se fue directo al segundo nivel donde se encontraba su dormitorio,