Después de tres días sin aparecer en la clínica, Lyra cruzó la puerta con pasos rápidos y el corazón latiéndole con fuerza. A pesar de todo, se sentía nerviosa. No por el trabajo, sino por los chismes que, con seguridad, ya corrían por ahí por haber desaparecido, seguramente ya todos lo sabían y no quería ver a nadie.
Además, sabía que Alona no se lo iba a dejar pasar.
—¡Miren quién volvió de su luna de miel no oficial! —canturreó Alona apenas la vio entrar —. ¿Sobreviviste al encierro o Ragna