Capítulo 30

El jet de Alaric descendió sobre una franja de arena blanca rodeada de aguas turquesas. La isla privada de los Thorne era un santuario de lujo minimalista, pero para Elora, era otro escenario de su cautiverio. Al bajar del avión, el calor tropical chocó con la piel de mármol de Alaric, pero él no se inmutó. La tomó de la mano con esa fuerza ruda que le recordaba constantemente quién era el dueño del lugar.

—Aquí no hay consejos, ni cazadores, ni luz del Alba que ocultar —susurró Alaric al oído
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