La Gran Sala del Consejo en la ciudad había sido transformada en un altar de opulencia oscura. Cientos de vampiros de los linajes más antiguos estaban presentes, observando con ojos hambrientos y escépticos. En el centro, sobre un estrado de obsidiana, se alzaban dos tronos.
Alaric esperaba de pie, luciendo una armadura ceremonial de cuero negro y plata que resaltaba su imponente figura. Su rostro era una máscara de frialdad, pero sus ojos no dejaban de buscar la entrada. Cuando las puertas se