Me río en su cara.
—¿Que yo voy a necesitarte? —Trato de controlar el ataque de risa—. Sí, por eso estás aquí suplicándome que volvamos y yo te he mandado a la mierda. ¿Qué pasa, Jackson? ¿Ya no te quedan más mujeres con las que puedas acostarte?
Lo miro mientras se alisa el traje negro y barato que lleva puesto y se pasa la mano por el pelo castaño y lacio. Es curioso, ya no lo encuentro atractivo. En realidad me da repelús. ¿Qué veía en él? Estaba con él por costumbre, nada más.