—Oh. —Abre los ojos como platos, consternado—. Buenos días, Cathy.
—Buenos días, tortolitos. Tienen que comprarse pijamas. —El tono divertido de la mujer hace que sienta todavía más pudor—. O al menos dejarse la ropa interior puesta. Voy a la cocina a prepararles el desayuno.
Oigo cómo se aleja apresuradamente dejándonos aquí desnudos y exhalo con desesperación mientras dejo caer la cabeza sobre el pecho de Nick, que se echa a reír. Claro, a él no le importa porque yo estoy cubriendo sus vergüe