Capítulo 464

Su gemido de felicidad hace que me ría y me retuerza bajo su lengua caliente.

—Joder, joder, joder.

Me devora el seno con la lengua con auténtica vehemencia y se aparta relamiéndose.

—Pensaba que era imposible que supieras mejor todavía. Más.

Sonrío como una boba y vuelvo a meter el dedo en la mantequilla de cacahuete. Una vez cubierto, lo levanto:

—¿Desea el señor el pecho derecho o el pecho izquierdo?

Desvía la mirada de un pecho al otro constantemente, indeciso.

—No tengo tiempo que perder.
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