Me transformo en un amasijo salvaje de brazos y piernas. Probablemente lo estoy golpeando, pero no puedo controlarlo. Además, le está bien empleado. La sorpresa inicial se ha transformado en una ligera ira, y me encuentro forcejeando con las manos que me atrapan. La sal me escuece en los ojos cada vez que intento abrirlos, y mis pulmones están a punto de estallar… hasta que de repente siento su cabeza entre mis piernas.
Emerjo a la superficie e inmediatamente libero el aire de mis pulmones con