Tira de mí, me coloca sobre su regazo y yo hundo la cara en su cuello sollozando como una tonta. Sé que me estoy comportando de manera totalmente irracional. Él jamás me dejaría. ¿Qué coño me pasa?
—Addison, mírame.
Me sorbo los mocos y levanto a regañadientes la cabeza para dejar que vea mi cara cubierta de lágrimas.
—Voy a ponerme gordísima. ¡Enorme! ¡Son mellizos, Nick!
Mi engreimiento del hospital ha desaparecido. Toda mi idea de torturarlo con bebés gritones y mis cambios de humor acaba de