Ella me suelta y abraza a mi marido.
—Gracias por traerla de visita —dice, y lo abraza aún más fuerte.
Sonrío al ver cómo acepta su abrazo y pone los ojos en blanco. Todo esto no le gusta. Sé que preferiría tenerme en exclusiva todos los días de la semana, pero está haciendo un esfuerzo, y eso hace que lo quiera aún más si cabe.
—Aprovéchate porque voy a secuestrarla por la mañana.
—Sí, sí, ya lo sé —dice mi tía, soltándolo—. ¡Tom! ¡Ya están aquí! Voy a hacer té.
La seguimos hasta la cocina y e