—No puedo hacer esto solo, nena. Ayúdame.
Mis instintos se apoderan de mí. Me aprieto contra su cuerpo un poco más arriba para poder apoyar la cara en el hueco de su cuello.
—¿No se parecían? —pregunto. Los mellizos a menudo se parecen.
—Éramos totalmente diferentes. En aspecto y en personalidad.
—¿Él no era un dios? —pregunto tranquilamente, pensando que quizá acabo de sugerir que su hermano mellizo era feo. No era lo que pretendía, pero tenía que serlo si era totalmente opuesto a Nick.
Me aca