Ahora estamos en la cocina: Nick tirado en un taburete, mirando la ecografía sin moverse, y yo bebiéndome un vaso de agua, esperando que mi hombre vuelva a la vida. Le doy media hora, luego le tiraré un cubo de agua fría.
Voy arriba, llamo a Lucas y oigo su grito ahogado de sorpresa, primero por la dramática persecución en coche y después por la buena nueva de los mellizos. Luego se ríe. Me ducho, me seco el pelo, me echo crema y me pongo mis pantalones de pescador tailandés. Al menos estos se