Ha vuelto, y yo estaba tan ocupada lanzando miradas de advertencia cuando llegué esta mañana que ni siquiera me había dado cuenta.
Tampoco me había dado cuenta de que no hay ni rastro de las uñas pintadas ni de las camisetas escotadas. Por la cara que tiene, parece que le han dado la peor noticia posible: la han dejado.
—Paolo me ha pedido que actualice todas las facturas pendientes de pago. Aquí tienes la lista —dice pasándome un listado impreso de mis ventas—. Las que están subrayadas son los