—Hola, Ruth —la saludo en un tono normal.
—Addison, ¿cómo estás? —Ella también suena normal.
—Bien, gracias.
—Esperaba tu llamada. ¿Te habías olvidado de mí? —Se ríe.
La verdad es que sí. Su enamoramiento lésbico ha cedido el puesto a cosas más importantes.
—Para nada, Ruth. Iba a llamarte más tarde —miento como una bellaca.
—Yo te he llamado primero. ¿Podemos reunirnos mañana?
Me hundo en mi silla. Mi mente elabora mil excusas para decirle que no, pero sé que tengo que tomar el toro por los cu