Erick y Victoria le gritan sus pedidos, y Laura apenas se queda el tiempo justo para tomar nota, seguramente para escapar de mi humor de perros.
Enciendo el ordenador y abro el correo electrónico. Erick y Victoria están de pie al otro lado de mi mesa en un abrir y cerrar de ojos.
—Tienes muy mal color —apunta Erick haciendo girar un bolígrafo en el aire. Lleva una camisa azul turquesa y una corbata amarilla, y me duele la vista de verlo.
—Estás muy pálida, Addison. ¿Seguro que estás bien? —Vict