—Que te den —digo echándole el aliento en la cara antes de dar media vuelta hacia la escalera.
Espero que no haya tenido la iniciativa de cambiar también este código. No lo ha hecho. Sonrío satisfecha. Los trece pisos de escalera van a acabar conmigo, pero me alegro de que sean de bajada y no de subida.
Para cuando llego al séptimo, me he quitado los zapatos de tacón. Cuando llego al cuarto, tengo que hacer un descanso. Tengo calor, estoy sudada y quiero vomitar.
—Me cago en él —maldigo respira