Capítulo 37

Me observa con intensidad.

—Mientes como el culo.

Sí, eso lo sé. Lucas y Nina me lo dicen continuamente. Me toqueteo el pelo cuando miento. Es un acto reflejo, no puedo evitarlo. A ver qué más quiere aclarar, porque me muero por seguir donde lo hemos dejado.

Se inclina y me besa, me acaricia suavemente la lengua con la suya.

—Ahora eres mía, Addison. —Mueve las caderas y hace que me yerga y me tense para aliviar el implacable ardor que siento entre las piernas. Estamos cara a cara—. Serás
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