—Todo bien. Addison está algo indispuesta. —Me empuja con suavidad para que suba.
—¿No vienes? —pregunto.
—Dame un minuto. Corre —añade, enfatizando sus palabras con otro pequeño empujón—, y lo dejo con Cathy.
Paso junto a la asistenta, que me acaricia el hombro con ternura y me sonríe.
—Me alegro de que estés en casa, Addison.
Le devuelvo la sonrisa, una sonrisilla. No sé lo que va a pasar, y me preocupa lo abatido que está mi hombre.
—Gracias.
Subo la escalera, entro en el dormitorio principa