—Madre mía —dice Clive con tono de desaprobación cuando me despierto. Mi cabeza se mueve arriba y abajo, al ritmo de las zancadas de Nick—. ¿Llamo el ascensor, señor White?
—No, ya puedo yo. —La voz de Nick resuena en mi interior—. Este vestido es un cinturón —gruñe llamando el ascensor. Entra en cuanto las puertas se abren.
Me despierto del todo en sus brazos y me revuelvo para que me suelte.
—Puedo andar —le espeto.
Da un respingo burlón y me deja en el suelo, pero sólo porque no hay escapato