Recorro el pasillo hasta su despacho y el alma se me cae a los Louboutin en cuanto veo quién hay dentro.
Sólo dos personas. Nick... y Coral.
Mi día no ha hecho más que empeorar. Están sentados en los extremos opuestos del sofá y sus cabezas se giran hacia mí. Me quedo donde estoy, sintiéndome algo perdida. Todo mi enfado, todas las frustraciones de la jornada acaban de transformarse en una emoción dolorosa. Los ojos se me llenan de lágrimas que me escuecen detrás de los párpados y t