Las puertas del salón de verano se abren e inmediatamente suena la música, pero no es hasta que oigo a Etta James cantando At Last que caigo en la cuenta de que ni siquiera he elegido la música para mi boda. No he hecho nada de nada. No tengo ni idea de qué va a pasar ni cuándo. Miro al suelo y los ojos se me llenan de lágrimas, y sé lo que voy a ver cuando alce la vista.
Mi tío me da un leve codazo, lo observo y su mirada dulce me reconforta. Ladea la cabeza y sonríe y, despacio y apre