—Vale, pero eso que has dicho de «seductora imposible» lo supero yo con «dios engreído».
Me dedica una de esas sonrisas que reserva exclusivamente para mí y se deja caer de espaldas sobre la cama con cuidado.
—Bésame, ahora —exige, y yo me inclino y lo beso con agradecimiento. Se ha abierto a mí, y me siento mucho mejor. Vuelvo a estar en el séptimo cielo de Nick.
…
—Buenos días, nena.
Abro los ojos, alarmada. «¿Días?»
—No puede ser, ¿verdad?
—No, son las cinco en punto. Llevas toda la t