Capítulo 304

—Vale, pero eso que has dicho de «seductora imposible» lo supero yo con «dios engreído».

Me dedica una de esas sonrisas que reserva exclusivamente para mí y se deja caer de espaldas sobre la cama con cuidado.

—Bésame, ahora —exige, y yo me inclino y lo beso con agradecimiento. Se ha abierto a mí, y me siento mucho mejor. Vuelvo a estar en el séptimo cielo de Nick.

—Buenos días, nena.

Abro los ojos, alarmada. «¿Días?»

—No puede ser, ¿verdad?

—No, son las cinco en punto. Llevas toda la t
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