—¿Y mi teléfono? —pregunto mientras sigue detrás de mí.
—Está cargándose en mi despacho.
Me sorprende que me lo diga sin tener que insistir.
—Gracias. —Tomo el bolso y salgo por la puerta, pero doy un brinco cuando Nick aterriza delante de mí y me corta el paso.
—Hablemos. —Escupe la palabra como si tuviera basura en la boca—. Por favor, no te vayas.
Vamos a hablar.
—¿Ahora quieres hablar?
Se encoge de hombros, avergonzado.
—Bueno, no puedo follarte para hacerte entrar en razón, así que